Hola seguidores,
Hoy tengo el placer de invitar a mi partner, por ser estudiante de la UofA, y por ser quien se ha leído el libro de referencia de este blog que expone en qué situación está el sistema universitario canadiense (ojo, siempre desde la perspectiva de sus 2 autores).
El libro en cuestión es Campus Confidential. 100 startling things you don't know about Canadian universities, de Ken S. Coates y Bill Morrison (http://www.amazon.ca/Campus-Confidential-startling-Canadian-universities/dp/1552776506).
El primero es profesor de Historia y Catedrático en la Faculty of Arts de la Universidad de Waterloo y asesor de varias universidades canadienses (British Columbia, New Brunswick y Saskatchewan) y el segundo es profesor titular de la Universidad de Ontario, Manitoba, British Columbia y profesor invitado en USA.
Espero que sea interesante pero OJO!, tomaros el extracto del libro como información pero que no siente cátedra!, aunque son autores muy fiables. Es una primera aproximación (web oficial de las universidades en Canadá).
Copio literalmente el extracto que gustosamente me ha pasado y que es un resumen de los autores:
"Vaya por delante que estos autores consideran que la educación universitaria en Canadá es de alto nivel, de las mejores del mundo como ellos mismos expresan. Con este libro no se quieren cargar el sistema sino detectar e identificar cuáles son los problemas que afectan a sus universidades y cuáles serían las recetas que ellos aplicarían para mejorar su situación. El título del libro es significativo en este sentido, y evidentemente tiene la intención de hacer ver a la sociedad canadiense que no todo es tan perfecto como parece.
Las Universidades en Canadá son casi todas públicas, a diferencia de Estados Unidos, donde coinciden públicas y privadas. En este sentido, los autores del libro echan de menos en Canadá universidades del estilo de Harvard, Yale, Stanford, el MIT, donde los miles de millones de dólares afluyen desde las empresas y fundaciones privadas. En Canadá esto sucede solo en menor medida. Va contra el carácter e idiosincrasia canadienses cualquier identificación con el american way of life. Huyen de ello, ellos, dicen, no son americanos (en el sentido de estadounidense), que son canadienses, que es muy distinto. Porque ser canadiense implica no hacer distinciones: todo el mundo es igual, todas las universidades son igual de buenas, porque son públicas y porque son canadienses. A pesar de ello, según los autores esto no es verdad en la práctica: aunque el nivel en general es bastante bueno, hay evidentes diferencias entre sus universidades. Pero como dicen, ese carácter canadiense les impide reconocerlo. Según los autores, en Canadá no gusta hacer rankings para no perjudicar a los que irían en la cola (esto se nota también en las clases: los profesores son benévolos con tal que haya un mínimo de esfuerzo).
La diferencia con las universidades estadounidenses también se percibe en el deporte universitario: esta confluencia de capital público y privado hace que, por ejemplo, no sea raro ver cómo se llena un estadio universitario con 80.000 personas para un partido de fútbol americano, y como la gente lucha desesperadamente por conseguir entradas para tales encuentros. Esto no sucede en Canadá (claro que también tiene bastante menos población).
La zona que predomina en número de universidades y estudiantes es la de Toronto, seguida por Montreal y Vancouver (que casualmente son las zonas más pobladas de Canadá). Por eso no es extraño que sean las universidades más demandadas por los estudiantes canadienses, ya que de nuevo a diferencia de sus vecinos de EEUU, prefieren quedarse cerca de casa o no alejarse demasiado. Las zonas más despobladas son las del medio-oeste, las provincias de Alberta (justo donde estamos nosotros), Manitoba y Saskatchewan. Y sus universidades, algunas de alto nivel, se las ven y se las desean cada año para llenar sus aulas y poder pagar así las caras facturas de su mantenimiento. Por eso, dicen los autores del libro, están aceptando en las undergraduate schools a cualquiera que lo pida, con tal que haya acabado el high school, y aunque su historial académico haga presagiar un posible futuro fracaso en los exigentes estudios.
Los alumnos que hoy acceden en la masa a la universidad tienen dieciocho años, como en Europa, pero en la actualidad parece que tengan quince años, por la inmadurez que demuestran y su falta de motivación y compromiso con el estudio serio que requiere la universidad. Todo ello está repercutiendo en un descenso en el nivel de calidad de los estudios universitarios ¿os suena de algo este debate?.
La causa de este descenso de calidad parece ser una inflación de notas de high school (bachillerato) para que –otra vez por buenismo- nadie se viera perjudicado en sus ansias por acceder a la universidad (en especial las ansias de los padres de los candidatos). Y es que por lo visto, hoy en día, una vez finalizado el high school la salida natural es seguir hacia la universidad, aunque el alumno no tenga el mínimo interés ni entusiasmo en ello. Además, a nadie le disuade saber que la actual tasa de retorno una vez acabados los estudios no es lo elevada que era hace algunas décadas para según qué estudios (es decir, cuando no todo el mundo accedía a la universidad: ¿os vuelve a sonar este debate?). En la actualidad, dicen, solo resulta evidentemente rentable estudiar Derecho, Empresariales, Medicina o Ingeniería. Y en el caso de Derecho seguramente porque las facultades de leyes son aquí en Canadá, como en EEUU, ‘graduate schools’, es decir, que para acceder a ellas no basta haber acabado el high school sino que además hay que tener una carrera previa de al menos tres años. Además, las law schools son carísimas e híper selectivas.
Por ello se ha instalado en la sociedad la seguridad de que con un título de licenciado (Bachelor o graduate) no se va a ninguna parte. Una vez acabado el Bachelor es necesario seguir estudiando (¿también os resulta familiar? Qué raro!) un master o un doctorado. Por cierto, un doctorado tiene una tasa de retorno solo un 5% superior a la de un master, cuando el primero requiere un media de unos cinco años de estudio intenso, mientras que el segundo se puede finalizar fácilmente en un año.
Se quejan estos autores de que en Canadá no existe un examen de selectividad. Se confía tanto en las bondades de la escuela pública, que sin duda en Canadá es buena, que cualquiera que acaba el high school se presume capacitado para la universidad. Eso puede ser verdad, pero los autores echan de menos, a falta de un examen global de selectividad, que las propias universidades pudieran organizar sus propios exámenes de acceso.
Otro tema que les preocupa a estos dos autores es el de las matemáticas de los estudiantes canadienses. Se refieren en algún momento a que Canadá está en el séptimo lugar en el ranking mundial, lo cual no está nada mal (por cierto, Alberta es la primera provincia en enseñanza de mates), y dicen que esto es preocupante porque el 90% de estudiantes universitarios de matemáticas y un alto porcentaje de estudiantes de ingeniería, son extranjeros. Mencionan el caso de un examen de matemáticas que se puso a disposición de no sé qué comisión canadiense evaluadora de la calidad de la enseñanza de mates y ciencias. Dado el nivel de exigencia de dicho examen concluyeron que debía ser de un segundo curso de ingeniería. Pues bien, resultó que era un examen de un instituto de bachillerato de Japón para el acceso a un curso universitario de Humanidades, ¡de Humanidades!
Bona nit amics!
Rosa
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